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Las inundaciones y la mala planificación
by Carmelo Ruiz
Sunday November 30, 2003 at 09:21 AM
carmelo_ruiz@yahoo.com PUERTO RICO
¿Acto de Dios. inclemencia de la madre naturaleza o incompetencia humana? ¿A qué le podemos atribuir los desastres ocurridos durante las torrenciales lluvias de las últimas dos semanas? El planificador Félix Aponte le apuesta a la tercera respuesta.
Incompetencia humana en los desastres de las lluvias
Carmelo Ruiz Marrero CLARIDAD, 27 de noviembre 2003
¿Acto de Dios. inclemencia de la madre naturaleza o incompetencia humana? ¿A qué le podemos atribuir los desastres ocurridos durante las torrenciales lluvias de las últimas dos semanas? El planificador Félix Aponte le apuesta a la tercera respuesta. Aponte, quien fue miembro de la Junta de Planificación de 2001 a 2002, nos explicó el entorno social e histórico de ese desastre no tan natural que llamamos inundaciones.
Su envolvimiento en planificación para inundaciones comenzó en 1980 cuando formó parte de un grupo de trabajo creado por el gobierno de Puerto Rico para formular un plan de mitigación de inundaciones. Para entonces Puerto Rico se recuperaba de los estragos de los huracanes David y Federico y para recibir fondos federales como área de desastre, la administración Carter había impuesto como condición redactar tal plan.
“Yo quería que se evitara el enfoque estructural, que consiste en la construcción de canales y represas y se basa en la idea de sacar el agua de la gente.”
Se optópor sacar el agua de la gente
Aponte nos informó que la idea de canalizar ríos se remonta a 1899, cuando unas 2,300 personas murieron ahogadas con el paso del huracán San Ciriaco. Para entonces Puerto Rico tenía menos de un millón de habitantes y no habia urbanizaciones en las planicies de inundaciones. Y aún así el saldo fue letal. “Para entonces, mientras unos abogaban por la canalización, ya desde entonces habia quienes decían que se debía proteger las cuencas, forestar, sacar la gente del agua y alejar los centros urbanos de los ríos.” El debate duró décadas y finalmente en 1941 el gobierno decidió darle la razón al bando que proponía canalizar los ríos.
“El enfoque estructural de sacar el agua de la gente no es el camino al desarrollo. El enfoque debe ser sacar la gente del agua. Uno debe ver cómo los ríos se comportan y entonces ajustamos el proceso de planificación. Eso requerira bastante mas reflexion.”
Para entender el comportamiento de un río hace falta conocer los conceptos de cauce legal y cauce de inundación. “Está el cauce legal del río, que es el espacio que ocupa durante la inundación ordinaria, que es una vez cada dos años. Ese cauce le pertenece al pueblo de Puerto Rico. El cauce de inundación es otra cosa, va mucho más allá. En el río Loiza por ejemplo, el cauce de inundación tiene diez millas.”
Para determinar un cauce de inundación sólo hace falta ver mapas geológicos. Estos muestran dónde hay aluvión, nombre que se le da a los sedimentos que cargan los ríos cuando se desbordan. Si se encuentra aluvión en una localidad es mejor no construir ahí porque si se inundó una vez se inundará de nuevo en el futuro.
Pero la visión de planificación de Aponte no prevaleció en 1980 sino la propuesta de meter los ríos en cunetas de concreto para que no se salgan de sus cauces legales.
“Ya en 1980 sabíamos que no había fondos para tales obras, ni siquiera las ya hechas en Estados Unidos. Esto es debido a que los costos de mantenimiento se escalonan con los años y los federales sólo dan fondos para la construcción de estas obras, no su mantenimiento. Esa responsabilidad le corresponde a la jurisdicción que recibe los fondos, en este caso el gobierno de Puerto Rico.”
Y el gobierno gasta no más de $3 millones al año en este mantenimiento. ¿Es eso suficiente? Cuando trabajó para el DRNA, Aponte calculó que el costo de mantener el canal del río Bayamón operando como el diseño requiere, es de $500 mil por kilómetro al año, o $3 millones anuales. Pero como ya dijimos, esa es la suma asignada para todos los proyectos de control de inundaciones en la isla.
Los beneficiados de la canalización
Unos se han beneficiado más que otros de estas obras públicas de infraestructura. Aponte nos da de ejemplo, las tierras donde está el centro comercial Río Hondo. Antes de la canalización valían no más de 25¢ el metro cuadrado, después de la canalización ahora llegan a $100 el metro cuadrado. Lo único que aportan los dueños del centro comercial al mantenimiento del canal lo pagan indirectamente mediante contribuciones que van al Fondo General.
“El valor añadido que generan estas obras de canalización lo obtienen los constructores y financiadores de las urbanizaciones y centros comerciales; ese es capital que se queda en manos de corporaciones en la Florida. Y la responsabilidad de mantener los proyectos de control de inundaciones recaen sobre todo el pueblo puertorriqueño.”
Fue en la década de los 60 cuando cobra auge la idea de construir urbanizaciones en las planicies de inundación “rescatadas” por los proyectos de control de inundación. Fue entonces que se consolidó la construcción como industria y comenzaron a aparecer proyectos de miles de viviendas cada uno, siguiendo un modelo importado por empresarios del exilio cubano.
“Tenemos como ejemplo a Villa Carolina y Villa Fontana, ambas en Carolina, y urbanizaciones similares en Bayamón. Se hicieron las urbanizaciones pero los canales no. Aunque desde el punto de vista ambiental, me alegro de que no se haya canalizado.”
Aponte explica que la canalización de ríos tiene un enorme impacto ambiental negativo. Las inundaciones son necesarias para recargar acuíferos y nutrir suelos; es por esto que las planicies inundables son las más propicias y productivas para la agricultura.
No fue sino hasta 1970 que sectores de la población comenzaron a caer en cuenta de peligrosidad y terquedad de ubicar urbanizaciones en zonas inundables. En octubre de ese año una depresión tropicalse quedó cinco días sobre Puerto Rico, causando lluvias como las que hubo este mes. Se cayeron más de 30 puentes y murieron al menos 37 personas. Pero no fue sino hasta David y Federico en 1979 que se comenzaron a hacer mapas de riesgo necesarios para evitar la construcción en lugares peligrosos y así evitar más tragedias.
Dice Aponte que los mapas de riesgo que se hicieron entonces, que usan datos obtenidos entre 1978 y 1982, son los que todavía hoy se usan, y que no solamente están obsoletos sino que además tenían múltiples imprecisiones cuando se hicieron. Por ejemplo la topografía estaba basada en fotos aéreas de 1977. Pero eso no es todo: los cálculos de las alturas de los terrenos con relación al nivel del mar están basados en datos de las dácadas de los 40 y 50. “Los expertos en oceanografía sostienen que el nivel del mar no es estacionario. Por eso es que por ejemplo Loíza perdió como cien metros de costa el siglo pasado.”
¡Permisología ni que ocho cuartos!
Aponte plantea que el término permisología, que ha entrado en boga en años recientes ,sólo sirve para confundir y no para aclarar, ya que da la falsa impresión de que la otorgación de permisos de construcción en el mundo real es una ciencia exacta que está por encima de la política y de los conflictos de interés.
“Ese término degrada el ejercicio profesional de adjudicar un permiso porque es como equiparar a un astrofísico o un astrónomo al nivel de Walter Mercado.”
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