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HAITÍ: Los paramilitares, el ejército caníbal, y las maniobras de EEUU
by Rodrigo Guevara
Monday March 01, 2004 at 06:10 AM
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EEUU salió de su falsa indiferencia, o "prescindencia", sobre el conflicto haitiano y resolvió echarlo a Aristide del poder, lo que selló ayer domingo la suerte del ex cura salesiano, que fue sacado del país por agentes secretos norteamericanos antes de que los rebeldes, principalmente el ejercito caníbal, lo capturaran o lo mataran.
La Casa Blanca, con la CIA operando en el terreno, confió en que el cerco de rebelión armada tendido alrededor del Aristide, agregado a la presiones internacionales, terminaran -como sucedió- con el presidente antes de que sus marines pongan en pie en suelo haitiano en carácter de "ordenadores" del "caos imperante".
La oposición a Aristide está dividida claramente en dos grupos: por un lado, la oposición política formada por sectores empresariales, partidos políticos y sindicatos; y por otra parte, los grupos rebeldes armados fuera de la capital que controlan gran parte del norte y el centro del país.
La oposición política, sin ningún poder armado, mantiene cierto contacto con los rebeldes pero no tiene ningún control sobre esos grupos que después de la huída de Aristide ya iniciaron una feroz competencia por el control de Haití, cuya dinámica, de no ser controlada militarmente por EEUU, puede derivar en una guerra civil.
Los grupos rebeldes armados, que ahora pugnan por tomar el poder en Haití, están conformados por narcotraficantes, marginales, delincuentes comunes, ex parapoliciales, y torturadores y asesinos como los integrantes del ejército caníbal, que estuvieron al servicio de Aristide antes de iniciar la rebelión armada en Gonaives, una población al oeste del país.
Más allá de sus ansias de poder sin límites, ninguno de estos grupos tiene una ideología política ni un proyecto de poder claro, a la par que están infiltrados por la inteligencia norteamericana y por las bandas del narcotráfico, los que los estuvieron utilizando, hasta ahora, como fuerza de choque para desplazar a Aristide del poder.
Tras la fuga de Aristide estos grupos siguieron avanzando con la intención explícita de tomar sectores de Puerto Príncipe, y desde esos bastiones intentarán negociar su participación en el nuevo tablero de poder político que se armará en los próximos días en Haití.
Pero lo que se ha visto en los últimos días es la aparición de una nueva fuerza, más poderosa y más organizada, compuesta por unos 500 hombres, y conformada por ex miembros del ejército haitiano y de los escuadrones paramilitares que operaban durante la dictadura militar que gobernó Haití después del primer derrocamiento de Aristide.
Esta fuerza, cuyo cabecilla más notable es el narcotraficante y agente de la CIA, Guy Phillippe, de 36 años, quién tomó la semana pasada Cabo Haitiano, la segunda ciudad de Haití, y ahora espera instrucciones del Departamento de Estado norteamericano para tomar sectores claves de Puerto Príncipe, antes de que lo haga el ejército caníbal.
Según los expertos, esta fuerza tiene como misión limpiar y despejar el camino a las fuerzas especiales y a los marines estadounidenses que ingresarán a Haití en carácter de "ordenadores del caos imperante", concretando una ocupación militar que, a diferencia de Irak, estará legitimada por una fuerza multinacional integrada por Francia y otros países integrantes de la ONU.
Es muy posible que una vez reinstalado el "proceso democrático", la CIA utilice a los escuadrones de la muerte de Phillippe (al que lo secunda otro conocido represor y torturador, Louis-Jodel Chamblain) para exterminar a algunos jefes de los grupos rebeldes, particularmente del ejército caníbal, cuya brutalidad y falta de tacto político los torna peligrosos e incontrolables.
A pesar de que la prensa internacional y sus corresponsales vaticinan un posible "caos con anarquía" en Haití, fuentes militares desestiman esa posibilidad habida cuenta de que el Pentágono ejerce un férreo control en la región, y los grupos de rebeldes "caníbales" no tienen logística ni organización militar para soportar una operación combinada de los marines y los paramilitares controlados por la CIA.
Si en el correr de estas horas se siguen produciendo disturbios, saqueos, asesinatos o enfrentamientos armados, es porque a EEUU le conviene extender un poco más "el caos", como herramienta de presión para apresurar la formación de una "fuerza de paz internacional" que legitime y comparta los costos de la ocupación militar.
De todas maneras, y al igual que lo que está sucediendo en Irak, el armado de un nuevo entramado de control político hegemónico en Haití no le va a resultar nada fácil a Washington, teniendo en cuenta los intereses de Francia, que perdió gravitación con la huída de Aristide, un incondicional histórico del gobierno de París.
En el cerrado mundo de la inteligencia, son pocos los que dudan sobre la participación de la CIA en la planificación y en la ejecución de la rebelión armada, que terminó con la existencia de Aristide al frente de la administración haitiana.
La operación tenía como finalidad la ocupación militar de la isla, encubierta detrás de la "misión pacificadora" que asumirán de ahora en más las fuerzas de EEUU desplegadas en el país caribeño.
Su objetivo está encuadrado en el "emprolijamiento" del control militar y político sobre el patio trasero caribeño, con vistas a una futura invasión armada a Cuba, la que fue denunciada en varias oportunidades por el propio Fidel Castro.
La operación derrocamiento de Aristide
Las últimas horas de Aristide estuvieron enmarcadas dentro de una "misa en escena" diseñada por Washington para darle una matiz "formal y diplomático" a su expulsión del gobierno decidida desde el momento que comenzó la rebelión armada contra su administración.
El sábado un documento de la Casa Blanca cuestionó la "capacidad" del presidente haitiano para seguir gobernando su país y le sugirió que abandone el poder al responsabilizarle de la crisis y la matanza de civiles opositores.
"Sus propias acciones hacen dudar de su capacidad para seguir gobernando Haití", señaló el comunicado que apelaba a las dos partes en conflicto a cesar en el recurso a la violencia y facilitar una salida a la crisis.
"Apelamos (a Aristide) a examinar su posición detenidamente, a aceptar la responsabilidad y actuar en el mejor interés del pueblo de Haití", agregaba el documento.
Después de un repaso de la situación haitiana el comunicado condenaba la violencia en el país en la que "muchos están involucrados", en alusión a los partidarios y detractores de Aristide, afirmando que "todos deberían poner fin a los saqueos y asesinatos sin sentido".
El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, culpó a las "bandas armadas y dirigidas por el presidente Aristide" de los ataques en los últimos días contra "civiles inocentes, programas humanitarios y organizaciones internacionales que tratan de ayudar al pueblo haitiano".
La maniobra de derrocamiento se "cerró" con un comunicado de la embajada estadounidense en Puerto Príncipe, que afirmaba que grupos progubernamentales habían comenzado a “asesinar, saquear y matar” y pidió a Aristide que pusiera fin a la anarquía.
“Las bandas armadas que están propagando el terror y atacando a civiles están actuando en el nombre de Jean-Bertrand Aristide”, dijo el comunicado diplomático, en el que también se pedía a los rebeldes que detuvieran su avance hacia la capital.
Aristide, acorralado y en soledad por el vuelco en su contra de la primera potencia imperial, recogió el mensaje y trató burdamente de revertir la situación. En un grotesco comunicado por radio y televisión, condenó “los actos de violencia y saqueos” y exhortó a sus partidarios a movilizarse pacíficamente “para proteger la democracia”.
El presidente pidió que se normalice la actividad comercial y demandó “a los 46.000 funcionarios del Estado estar presentes el lunes en sus funciones”. “Los miembros del Gobierno estaremos en nuestros puestos”, señaló, rechazando las peticiones de renuncia.
Continuando con sus ridículas posturas de "resistencia al derrocamiento" Aristide también dirigió un llamamiento a sus milicianos parapoliciales “para que informen a la policía, pero no para que la reemplacen”. Luego señaló que “algunos terroristas pueden estar en Puerto Príncipe", y hay que vigilar para "defender la democracia feroz y pacíficamente”, agregó tratando de flotar unos días más en el poder.
Nada de eso le sirvió para evitar lo que ya estaba decretado por el Imperio: su huída de Haití pretextando que con su alejamiento evitaba "un baño de sangre" en el país caribeño.
En las últimas horas del sábado, durante un encuentro celebrado en el Palacio presidencial con despliegue de marines estadounidenses para garantizar la seguridad, un representante del Departamento de Estado y el embajador norteamericano en Haití, arreglaron con Aristide todos los detalles de su huída a la República Dominicana, barajando posibles destinos finales de su exilio.
En esa reunión, en las que algunos sostienen que estuvo presente un representante diplomático de Francia, se arregló la sucesión provisoria al frente del Gobierno del presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Boniface Alexandre, quien cubriría la vacante hasta un nuevo llamado a elecciones.
Aristide partió de Puerto Príncipe, en la madrugada caribeña, a bordo de un avión militar de EEUU acompañado por su esposa, el jefe de seguridad del palacio presidencial, y agentes del servicio secreto que se harán cargo de su seguridad de aquí hasta el destino final de su exilio, que los rumores señalaban en Panamá, Marruecos, Taiwán o Miami, y que finalmente se concretó en Sudáfrica.
En horas del mediodía del domingo un vocero del gobierno de la vecina República Dominicana le dijo a la agencia AFP que el avión del "hasta ahora presidente había aterrizado en Santo Domingo".
"La Casa Blanca, que al parecer ayudó á organizar los detalles de su partida, recibió con beneplácito la noticia", dijo la agencia BBC Mundo al dar la primera información sobre la huída del presidente haitiano.
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